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    La prostitucion mi familia es

    la prostitucion mi familia es

    A espaldas de las mujeres cuatro chavales juegan beisbol ruidosamente: Altagracia mira de reojo a su nieta, que tiene una ficha envidiada: La chica sonríe, se sabe a punto de un triunfo. Del cuello de la matriarca de las Pérez cuelga una cadena con la imagen de la virgen de Altagracia. Todo es de oro pero no hay brillo.

    Altagracia tiene los ojos negros de un cuervo y hastío en la mirada. Apenas pasa los 50 años pero luce como una anciana: A Altagracia la vida y los hombres le han pasado encima como rodillo. Dicen que por eso casi no habla. Su hija Ramona y su nieta Isadora cuentan cómo se inició como puta y cómo ellas heredaron el negocio. Su nieta hace un movimiento ganador y la puta retirada refunfuña con voz ronca algo imposible de entender. Como buena perdedora, Altagracia se levanta y la besa en la frente, orgullosa de la aprendiz que supera a la maestra.

    La niña vivió en ese rincón de malas estadísticas hasta los 10 años. La madre no podía mantener a siete hijos y una tía lejana se ofreció a ayudar. Propuso llevarse a la chiquilla a trabajar a un campo de caña y la viuda aceptó.

    El trabajo de Altagracia consistía en permanecer totalmente quieta mientras hombres sudorosos penetraban su cuerpo de niña sin senos ni menstruación.

    Después de un año de trabajo, Altagracia menstruó, se embarazó de alguno de esos negros que se ganaban la vida a machetazos y parió una hija. Minerva, Ramona y María, que falleció cuando era apenas un bebé, llevaron el apellido de Altagracia desde el nacimiento. Cuando empezaron a ejercer ya no se acostumbraba buscar clientes en los cañaverales. En el dictador Rafael Leónidas Trujillo había impulsado el turismo en la playa de Boca Chica con la construcción del primer gran hotel de la zona: El balneario tenía 25 habitaciones que alojaban a políticos, artistas, hombres de negocios y personajes del jet set de la época.

    Allí disfrutaron del sol el presidente argentino Juan Domingo Perón, la actriz americana Kim Novak y el dictador cubano Fulgencio Batista. Las fiestas que daba Trujillo en Boca Chica eran famosas y era bien sabido que las mujeres eran el plato fuerte para él y para todos sus invitados. El dictador era conocido entre los habitantes de la isla por tener —por las buenas o por las malas— a toda mujer que se le antojase. Para finales de los años 70 el país era otro: Altagracia fue parte del paisaje que atraía a los gringos.

    La madre crió a sus pupilas Minerva y Ramona, quienes a los 10 años ya sabían un par de frases mal pronunciadas en inglés para tentar a clientes gringos. Llegar a la playa es enfrentar a un ejército de comerciantes con insistencia de vendedores de infomercial. Todos buscan ganar unos pesos a costa de alguno de esos casi 5 millones de turistas que llegan cada año a su isla.

    Un mulato flaco y alto como una palmera pasea en una bicicleta de tres ruedas con una canasta llena de cocos. Refrescarse cuesta 30 pesos dominicanos, menos de un dólar. Una mujer con tetas como papayas ofrece a gritos yaniqueques, una especie de empanada frita sin relleno. Un negro regordete y de barba blanca tiene las manos llenas de pinzas rojas y antenas: Tres niñas de cabellos trenzados se pasean por la playa, se bañan en shorts y top, y sonríen a un par de viejos rubios y calvos.

    Un revolcón con una niña de 40 kilos que apenas llega a la pubertad cuesta lo mismo que una langosta de gramos. No hay cifras, pero sí advertencias: Estamos de regreso en Andrés: Ramona, la hija menor de Altagracia, deja el juego de dominó y cede su turno a una vecina que llega de visita. Ofrece café y pone una olla tiznada al fuego. El olor del grano impregna el lugar y neutraliza el hedor a aguas estancadas que reina en la casa.

    Ramona habla con todo el cuerpo: Con una mano gesticula y con la otra amenaza con echarse encima el contenido de la taza hirviente. Comencé mamando huevo en la playa, aquí en Boca Chica, con los gringos. Me daban 30 dólar, 40 dólar, hasta Antes te daban tu buen dinero. Ellos querían joderme y yo les decía que no, a lo mucho me dejaba dar broche. Dar broche es una expresión que usan los dominicanos para referirse a la fricción de los genitales sin permitir la penetración.

    Altagracia puso una condición adicional a Ramona y Minerva: La mulata no quería nietos gringos. A los 12 años se acostó con un dominicano y nueve meses después parió una niña mulata como quería la matriarca.

    Le puso nombre de diosa y bailarina: La niña creció viendo a su madre abrirse a un gringo y a otro. Para no confundirla, Ramona le explicaba que esos hombres eran clientes, no amores: Ramona se sienta en una silla enana, sus nalgas sobresalen.

    A pocos metros, la partida de dominó sigue animada. Altagracia reniega con los labios apretados, grandes surcos se abren alrededor de su boca. El término cuero entró en el diccionario de jerga dominicana en los primeros años de la era del dictador Trujillo. Los jóvenes usaban el matadero como casa de citas y los primeros manoseos adolescentes se hacían sobre los cueros.

    La piel de las vacas prestó su nombre al sexo y el sexo bautizó a quienes ofrecen la piel al deseo ajeno. Aquí al lado atendía un cabaré que se llamaba María Juana. Yo sabía porque ella nunca venía a la casa de noche. Yo trabajé ahí un tiempo, mi hija también. El cabaré cerró hace unos años —agrega Ramona. El barrio donde viven estas mujeres no tiene nombre. Entrando al caserío, la quinta casa con un parqueo de motos afuera.

    Allí, en el caserío, todos saben quién es Altagracia. Su fama la precede porque la familia sufrió durante mucho tiempo un estigma: Ella recuerda que sus amigos solían atormentarla a diario, pero el drama se calmó con el tiempo. Altagracia se volvió muy respetada en el barrio porque, por ser cuero, tenía efectivo, incluso llegó a prestar dinero con interés. Ramona nunca cuestionó a su madre.

    Ser puta fue para ellas una salida laboral. A mis hijas yo les enseñé que no se chinga sin que te paguen primero. Y por si acaso siempre cargo un puñalito conmigo. Se conjuga de muchas maneras pero en casi todas significa engañar. En el léxico de las putas significa que el cliente, después de eyacular, no quiere pagar.

    Prostituta, puta, meretriz, zorra, loba, furcia, buscona, perra, golfa, mariposa, milonguera, cualquiera, ramera, arrabalera, cuero, vigota, trola, piruja, reventada, magdalena, bacana, bataclana, burraca, fulana, guarra, mujerzuela, facilona, banquetera, dulcera, hetaira, turra, zurrona. Prostituta es una palabra que deriva del verbo latino prostituere —pro: El término se refiere a mostrar productos para la venta.

    La etimología de la palabra puta es otra historia. En Roma y Grecia Puta era el nombre de una diosa. Los agricultores veneraban a Puta con fiestas que podían durar días y las orgías eran parte del ritual de idolatría. Llegó a Saravena antes que Paola y recorrió otras zonas fronterizas antes de decidir que este pueblo le resultaba mejor: No tiene hijos como Paola, pero le envía dinero a su madre.

    Que uno tenga que venir a acostarse con personas mayores, a veces vienen borrachos". Eso, de hecho, causó enojo entre las trabajadoras sexuales colombianas de Saravena, cuando todavía había muchas colombianas aquí. En algunas partes de Colombia las mujeres cobran Y porque obvio ya estoy cansada de esto. Pero reflexiona unos instantes, como haciendo cuentas, y agrega: Si me sale algo mejor, pues no vuelvo".

    También quiere cambiar de trabajo: Temas relacionados Colombia Venezuela América Latina. Los 6 nuevos billetes con los que Venezuela busca combatir la devaluación del bolívar. Cómo Venezuela pasó de la bonanza petrolera a la emergencia económica.

    Tiene 22 años y llegó hace seis meses prefiere no decir desde qué parte de Venezuela: Y ya, ya me hice el sueldo mínimo de Venezuela ", me explica Paola. Hasta hace algo menos de un año la mayoría de las trabajadoras sexuales de este lugar eran colombianas la prostitución no es ilegal en este país , pero desde entonces en los ocho bares de la zona apenas quedan tres o cuatro mujeres locales, dicen quienes trabajan aquí. Su asociación se encarga de brindar apoyo a las mujeres que se acercan a ella.

    Todos los lunes, o casi todos, Paola envía dinero a su madre en Venezuela. Ella se quedó a cargo de su hija de cuatro años. Paola no quiso traerla y tener que dejarla al cuidado de desconocidos cuando fuera a trabajar. Es difícil, murmura con cara triste, tenerla lejos. Sino que van a decir: Lo sabe Cristina, que ejerce su trabajo de forma itinerante en diversos puntos de Chapinero: Y Juliana, otra de las chicas del Santa Fe, lo enuncia de forma muy cruda: Como si no culiaran.

    Laura coincide en la existencia de ese escenario potencial: Es solo ponerse una cita y ya, que pase lo que sea. Para las prostitutas con las que hablamos, no es tan así. Las rutas que encaminan a las personas hacia el trabajo sexual son diversas. De esa diferencia parten muchas de las inconformidades. Como si estuviéramos enfermas, como si tuviéramos dislocada la vagina. Silvana afirmó algo parecido: Esto es un trabajo igualito a los otros.

    Pero el debate no es tan sencillo. Sobre la prostitución se cruzan tensiones históricas, culturales, jurídicas y, sobre todo, morales, que la ubican en una zona gris. Las violencias sobre las trabajadoras sexuales son reales y los estigmas alrededor de su oficio siguen trayendo consecuencias funestas ataques verbales, físicos, asesinatos, desapariciones.

    La virginidad de una devadasi purifica, rezan las creencias locales. Desde entonces Rudrama ha servido a su diosa y a cuantos hombres han pagado por su compañía.

    A sus 53 años, es una superviviente. Pocas devadasis superan los 50 , víctimas de enfermedades venéreas, malos tratos y alcoholismo. Cuando Rudrama tenía 13 años, su familia subastó su virginidad. Desde entonces, ha servido a la diosa Yellamma y a cuantos hombres han pagado por su compañía. Una alegre jornada festiva. Tras las celebraciones, su madre la encerró en una habitación.

    Poco después, un hombre mayor entró y la violó. Rudrama fue la amante de aquel terrateniente durante dos años. Él mantenía a su familia a cambio de que la niña fuese su concubina. Tras la desaparición del terrateniente, llegaron multitud de hombres. Mi familia salía de la vivienda para que estuviese con ellos.

    Era muy guapa y había días que podían venir diez hombres. Ella dejó de ejercer la prostitución hace unos años y sobrevive con una pensión mensual de rupias 5 euros que recibe del Gobierno como parte de un programa de rehabilitación.

    Y ni siquiera las percibe todos los meses con regularidad. La India prohibió la consagración de devadasis en Se estima que existen A día de hoy se sigue consagrando —y condenando— a niñas.

    No siempre fue una forma de explotación sexual: Los terratenientes y la nobleza las mantenían en lujosas viviendas. Con el paso del tiempo se convirtieron en cortesanas para ricos amparadas por el manto de la religión.

    la prostitucion mi familia es Ella dejó de ejercer la prostitución hace unos años y sobrevive con una pensión mensual de rupias 5 euros que recibe del Gobierno como parte de un programa de rehabilitación. Tras la desaparición del terrateniente, llegaron multitud de hombres. Una casi murió la prostitucion mi familia es vez, porque se ve que el bebé era muy fuerte y no quería salir y se inyectaba y se inyectaba y casi se murió Maltratopunto de vista psicológico, supone un sujeto que vivencia el trato del otro como bueno o malo, en consonancia con las pautas histórico-sociales vigentes. Esta es la gran preocupación de todas:

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